Los fanáticos del fútbol europeo que esperaban ver una final de Champions League llena de goles, magia, jugadas excepcionales y momentos inolvidables, tuvieron una ligera dosis hoy en el mítico estadio de Wembley.
Dos grandes equipos alemanes, el Bayern Munchen y el Borussia Dortmund, que venían de eliminar por marcadores abultados al Barcelona de Leo Messi y el Real Madrid de Cristiano Ronaldo, respectivamente, no lucieron la contundencia de las semi finales, pero sí el hambre de gloria.
El Borussia Dortmund había levantado "La Orejona" en solo una ocasión al derrotar a la Juventus de Turín en la temporada 1996/1997, mientras que el Bayern Munchen había campeonado en tres ocasiones durante la década de los setentas y una vez más en la temporada 2000/2001 cuando derrotó por penales al Valencia. Posteriormente, los bávaros habían perdido dos finales, una frente al Inter de Milán (2009/2010) y la temporada pasada ante el Chelsea. Una gran espina estaba incrustada en los muniqueses, especialmente en el volante ofensivo Arjen Robben, quien disputó ambos partidos decisivos que le acarrearon duras críticas de los hinchas y la prensa deportiva.
Lewandowski, el artillero polaco del Dortmund, fue intermitente durante el trámite del encuentro, el cuadro amarillo también sintió la ausencia de Mario Gotze, quien vio el partido desde la tribuna por una lesión. A pesar de ello, su escuadra dominó prácticamente todo el primer tiempo. El funcionamiento en bloque y el orden defensivo le cerraron los caminos a Robben, Ribery, Muller y Mandzukic. Incluso por momentos el técnico Jupp Heynckes ordenó al francés y al holandés que cambien de banda para lograr penetrar el área rival. Robben tuvo solo una ocasión clara de cara al gol que no pudo concretarla ante a la intervención del portero Weindenfeller. La figura del Bayern en esa primera parte fue Neuer, quien mantuvo el cero en su valla ante los embates amarillos.
Durante la segunda mitad el juego fue más equilibrado. El Dortmund bajó la intensidad del pressing y los bávaros empezaron a inquietar a Weindenfeller. Tras más de una hora de juego, Robben logra desbordar hasta la línea de meta y pasa el balón hacía el área chica donde Mandzukic solo tuvo que tocarlo para gritar el primer gol de la noche. Sin embargo, cuando era el momento de buscar el segundo tanto, Dante, el zaguero brasilero del Bayern, comete una clara falta y que el árbitro sancionó con un penal. Neuer no pudo atajar el remate de los doce pasos ejecutado por Gundogan y el marcador se puso 1-1 a los 68'.
Todo parecía indicar que el Bayern Munchen tenía una maldición con las finales modernas. Faltaban veinte minutos para ir al alargue si se mantenía la paridad entre ambos clubes alemanes. Los jugadores estaban dispuestos a dejar hasta la última gota de sudor en la cancha y esa perseverancia convirtió a Arjen Robben en el último héroe del los bávaros al anotar un gol al fiel estilo del jugador de barrio, un toque sutil le dio el 2-1 a falta de un minuto para el término del partido. Los minutos extra no variaron el score y tras el pitazo final, el holandés gritó como si un espíritu maligno abandonara su cuerpo. El Bayern Munchen rompía su mala racha y conseguía la quinta Copa de Europa para su palmarés.
Fue una noche en la que venció la perseverancia, la búsqueda de vencer a la historia. Y es que el fútbol da revanchas al igual que la vida misma. Tal vez hace unos años no era el momento indicado para Robben, porque el destino quería que se cumpla su capricho, convertirlo en el héroe de Wembley y consolidar una gran campaña del Bayern Munchen bajo la dirección de un inteligente estratega y líder como Jupp Heynckes. "La orejona" volvió a Alemania y la cerveza de seguro, agotó en el sur del país. Falta un año para la próxima cita. ¿Volverán los alemanes a esta instancia o surgirán los otros gigantes europeos?. Lo sabremos cuando salgan al gramado del estadio Da Luz de Lisboa. Una gran previa al inicio de la Copa del Mundo 2014.
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