La tenue y fría garúa que humedecía las mejillas de los aficionados esta noche en el Estadio Nacional fue el anticipo de una nueva desilusión. El equipo peruano se jugaba su última carta para clasificar ante Uruguay, un rival directo ante el cual no servía más que ganar para continuar con el sueño. Al final del partido el llanto de Jefferson Farfán fue el mismo que llevábamos por dentro los 30 millones de compatriotas que aún queremos ver a nuestro país en un Mundial.Los primeros minutos transcurrieron con una buena actuación de los dirigidos por Sergio Markarián. El rival no llegaba con peligro al área de Raúl Fernández y se apreciaban algunos espacios en la defensa charrúa por donde podrían entrar nuestros delanteros. Rinaldo Cruzado y Luis Ramírez guiaban con criterio los pases desde el medio campo y aseguraban la posesión del esférico con el apoyo oportuno de Jhosepmir Ballón. Perú tuvo dos jugadas mano a mano frente al golero Muslera, una de Claudio Pizarro tras una gran jugada individual de Paolo Guerrero y otra de "Cachito" tras un gran pase en profundidad de "Ri". Dos ocasiones claras que no se pueden desperdiciar en un encuentro como éste.
A los celestes no les gustaba esta actuación de los locales y empezó la violencia. La "foquita" y Paolo se llevaron la peor parte. El primero recibió un fuerte golpe en la nuca de Diego Lugano que lo dejó bastante adolorido y, el segundo, un codazo artero de Walter Gargano que le abrió la ceja y lo hizo salir del terreno de juego con el rostro ensangrentado. El juez del partido no sancionó esta fuerte falta y dejó que sigan las fricciones a pesar del daño a nuestros jugadores. Los espectadores se emocionaron cuando Diego Forlán pidió su cambio por lesión, pero ya Uruguay estaba empezando a manejar el partido y llevarlo a su estilo.
Faltando poco para que termine el primer tiempo, Luis Suárez llegó casi hasta la línea de meta peruana buscando un error defensivo y el inocente roce de la pierna de Christian Ramos le dio la oportunidad de vender humo. Penal para la visita y un 1-0 que enmudeció a la afición. Los que hemos seguido a Perú recordamos inmediatamente el partido ante Venezuela, cuando fuimos al descanso con el marcador en contra, y pensábamos cómo se pararía el combinado patrio en la segunda mitad. Pero lo que no teníamos en los cálculos era la infantil expulsión de Yoshimar Yotún que nos dejó con 10 hombres ante el vigente campeón de América.
Juan Vargas entró al terreno de juego en reemplazo de Ballón con la idea de ganar la banda izquierda y generar peligro por ese lado del campo. Sin embargo, el equipo se resintió en la marca y el "loquito" no encontraba con quién asociarse. Ahora sí se notaba que Uruguay llevaba la batuta y nuestro combinado patrio buscaba el empate sin mucha suerte. Ellos son muy buenos para jugar al contra ataque y con un Perú volcado en la ofensiva, quedaban espacios para que Edinson Cavanni y Luis Suárez hagan daño a la línea posterior. Fernández salvó el arco en un par de ocasiones pero se sentía más cerca el aumento en el marcador del visitante que el empate peruano.
Markarián quemó sus últimos cambios a los 66' y entraron Jhoel Herrera por Luis Advíncula y Paolo Hurtado por Luis Ramírez. El replanteo táctico cayó en saco roto cuando al minuto siguiente, Suárez ampliaba la ventaja celeste con un potente remate que chocó en el travesaño y penetró las redes peruanas. En ese instante, los corazones de todo el país se paralizaron. Estábamos cerca de quedarnos fuera del Mundial. Todo había salido mal en esta final que debíamos ganar. A pesar de ello, los jugadores continuaron en la lucha, se notaba el cansancio y la parcialidad del árbitro al cobrar faltas inexplicables que recortaban las pocas esperanzas que quedaban.
Tuvimos que esperar hasta los 84' para poder liberar la amarga angustia que se alojaba en el pecho. Farfán descontaba tras un espectacular tiro libre que nunca llegó a alcanzar el golero Muslera. Nos poníamos 2-1 y quedaban al menos unos diez minutos (contando los descuentos) para buscar al menos el empate. Los uruguayos sintieron que Perú había recuperado la ilusión y buscaron ensuciar más el partido. A poco del pitazo final, la "foquita" robó un balón por el sector derecho y cuando se perfilaba para correr como una saeta hacía el área charrúa, el árbitro argentino le cobró una falta que solo él vio. La impotencia del jugador del Shalke 04 fue evidente cuando tomó el balón en las manos y lo arrojó con fuerza contra el gramado. Esa acción acarreó la tarjeta amarilla que lo dejó fuera del siguiente partido ante Venezuela. Transcurrieron los minutos extra y se consumó la caída de la blanquirroja.
Es cierto que vencer a Uruguay era una tarea difícil, pero no imposible. Tenemos jugadores con clase que pueden marcar la diferencia. Sin embargo, en estos encuentros no solo sirve jugar bien, sino ser muy astutos y tener mucho auto control. Perú tuvo todo cuesta arriba antes de ir al descanso, pero intentó revertir esta situación hasta el final. Faltó orden y equilibrio cuando nos quedamos con diez y eso nos costó el segundo gol que fue letal. Tal vez con el equipo completo la historia habría sido diferente, pero la realidad nos indica que estamos fuera de carrera y, las mínimas posibilidades que quedan, dependen de otros resultados. Hoy se sienten esos tres puntos perdidos ante Colombia de locales y ese pésimo partido en Asunción ante el peor Paraguay de muchos años. Saquemos las lecciones que corresponden y continuemos en la lucha hasta la última fecha. A veces el destino puede sorprender hasta al más incrédulo.
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